¿Por qué hablamos cómo hablamos? Brevísima historia del andaluz

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Alguna vez te has preguntado por qué hablamos como hablamos? En Andalucía, en Extremadura, en Galicia, en Canarias. ¿Cómo surgen los acentos?

La respuesta a esa pregunta es aparentemente sencilla: los acentos o dialectos dependen del estado de evolución de la lengua en el momento de su expansión. Esa es la teoría, muy bonita. Pequeña lección de historia: tras la, mal llamada, Reconquista de Andalucía (occidental, la parte oriental todavía tardaría unos siglos) en el siglo XIII fue necesario repoblar las tierras con buenos cristianos que llevasen la gloria del reino de Castilla a sus nuevas fronteras. Andalucía era considerada una zona peligrosa plagada de bandidos y fue necesario repartir tierras a cambio de que las familias accedieran a comenzar su nueva vida allí. Este siempre ha sido el hogar de los trabajadores y las personas libres.

No es muy difícil intuir que el castellano del siglo XIII y el que hablamos hoy en día están bastante alejados. Centrémonos en uno de los aspectos más llamativos: el seseo y ceceo (y el seceo o ceseo, que seguro que no habéis oído esa palabra antes pero sabéis a qué me refiero). Para entender por qué en Andalucía se producen estos fenómenos hay que conocer un concepto fonético, los fonemas sibilantes. No me voy a detener a explicar qué son, pero tenéis que saber que son cuatro: la ese /s/, la zeta /θ/, la jota /x/ y la che /ts/. ¿Y si ahora os digo que en el siglo XIII no había cuatro si no siete y ninguno de ellos se parece a las que conocemos hoy? ¿Qué ha pasado con esos fonemas que se han quedado por el camino? Han sufrido el efecto de la más conocida y temida herramienta de evolución lingüística: la economía del lenguaje.

Por decirlo claramente, había demasiados fonemas y la gente los empezó a confundir. Tanto que, en los textos copiados y conservados en los monasterios, nuestra principal fuente de información al respecto, encontramos faltas de ortografía. Entonces el pueblo no sabía leer o escribir y las personas que lo dejaron todo para comenzar una nueva vida en la tierra de bandidos, menos. Hablaban como escuchaban y, si nadie sabe cuál es la norma, no hay norma. De modo que, volviendo al principio, ¿cómo estaba de evolucionado el castellano en el momento de repoblación de las diferentes zonas de Andalucía? Pues poquito. Cada uno decía las sibilantes como se las había oído a su padre y a su madre y ahí no había nadie que te corrigiera. Y con esa tendencia a reducir y reducir, acababan escogiendo los que mejor le venían. Así de tontamente se forman las comunidades lingüísticas, qué os pensabais.

Formada la comunidad lingüística, el resto de los rasgos comunes entre los hablantes van creándose de forma natural. Por poner otro ejemplo: durante el siglo XV, cuando todavía había un caos lingüístico bastante chulo, había una tendencia muy fuerte a aspirar vocales finales de las palabras. Eso provoca la abertura de las vocales cercanas. ¿Qué zona de Andalucía fue repoblada a partir del siglo XV y hoy en día aspira y abre las vocales? Si es que nada es casualidad. Bueno, a veces sí. Y lo de comerse las vocales finales dejó de ser cool en el siglo XVI, los castellanos de bien las recuperaron. El jaleo de las sibilantes continuó hasta el siglo XVII, cuando los académicos dijeron “basta” y empezaron a hablar de forma bastante más parecida a como hablamos hoy en día.

La poca estima en que se tiene al andaluz en España también viene de lejos. Como he dicho antes, la nuestra es una tierra obrera, sin marqueses ni antiguos linajes nobles. Y nuestra tierra obrera es la cuna de Lorca, de Góngora, de Victoria Kent, de Picasso, de Lola Flores. Que se rían lo que quieran, tenemos diversidad, arte y orgullo de sobra para aguantar eso y mucho más.

Una vez escuché a una persona decir que en Andalucía hablamos así porque hace mucho calor y tenemos que cortar las palabras para irnos antes a tomar el fresco. Si os dicen una tontería así, les soltáis este tocho y quedáis genial. O no.

Feliz día de Andalucía y llevad siempre vuestro acento por bandera, que no es para menos.