María Lejárraga, feminismo y vampirismo literario

Virginia Woolf dijo sabiamente que “anónimo” muchas veces en la historia fue una mujer. Clara Peeters fue la primera artista que firmó sus obras en el siglo XVII y fue la primera mujer protagonista de una exposición en el museo del Prado en 2016. Tres siglos después. Hoy dedicamos unos minutos a esta apasionante tarea que es reivindicar los nombres de las mujeres en la historia oculta, con todo lo que nos queda por descubrir.
María Lejárraga (1874-1974)

María de la O Lejárraga fue una novelista, ensayista, dramaturga, traductora y feminista olvidada por la historia de la literatura española del siglo XX. Sin embargo, sus años de actividad se codeaba con Juan Ramón Jiménez, Antonio Machado, Emilia Pardo Bazán, Jacinto Benavente y los hermanos Álvarez Quintero, entre otros. Y con Gregorio Martínez Sierra, por supuesto.

A los dieciocho años, María publicó su primera obra, Cuentos breves (1899), firmada con su nombre. Su familia enfureció de tal forma porque hubiera “manchado sus apellidos” siendo escritora que, en menos de un año, se casó con Gregorio Martínez Sierra y adoptó sus apellidos para poder seguir escribiendo. Qué gran suerte, debió pensar, haber encontrado a un marido que no la iba a obligar a tener hijos y que le permitiría continuar con su pasión literaria, que compartían. Fueron una pareja artística muy célebre en su época. Pero la felicidad no duraría mucho tiempo.

María y Gregorio

Su relación se asentó sobre una dinámica inamovible: María escribía las obras, Gregorio firmaba con su nombre y se llevaba el reconocimiento. Porque nadie iría a ver la obra de una mujer, le decía. Cuando Gregorio comenzó una relación extramatrimonial con la primera actriz de su compañía, Catalina de Bárcena, María siguió escribiendo sus obras. Cuando Gregorio la abandonó para marcharse a Hollywood con Catalina y su hija ilegítima, María siguió escribiendo sus obras. Incluso cuando Gregorio murió y María trató de recuperar los derechos sobre el trabajo de su vida, le fueron cedidos a la hija de su relación con Catalina.

Y María siguió escribiendo sus obras.

Cartel de una de las obras de María Lejárraga que fue llevada al cine bajo la dirección de Gregorio y protagonizada por su amante.

María Lejárraga fue elegida diputada por el Partido Socialista en Granada en las primeras elecciones en las que las mujeres pudieron votar durante la Segunda República en 1931. Fue una eminente feminista que creía en el asociacionismo y en la unidad de las mujeres para encontrar la fuerza en nuestra hermandad. Dirigió la Unión de Mujeres de España (UME), desde donde se dedicó a dar conferencias públicas y gratuitas para difundir las ideas del feminismo. Creó un espacio para que las mujeres se sintieran seguras y pudieran descansar de sus labores y realizó incontables labores solidarias en favor de la educación de las niñas y la liberación de las mujeres.

Luchó por nuestros derechos hasta que la Guerra Civil la obligó a exiliarse en Argentina, donde siguió luchando. Vivió oprimida por una sociedad que nunca la conoció, por una familia que consideraba una vergüenza que una mujer fuera escritora, por un marido que la chantajeaba permitiéndole no tener hijos a cambio de renunciar por completo a la autoría de la obra de toda su vida. Si buscáis información sobre ella, la encontraréis bautizada como “la feminista sumisa”. María Lejárraga fue una mujer maltratada, pero es mucho más que una víctima.

Por novelista, ensayista, dramaturga, traductora y por feminista reivindicamos su nombre.

María Lejárraga, hoy firmamos gracias a ti. Hoy firmamos por ti todo lo que tú no pudiste.

“El feminismo quiere sencillamente que las mujeres alcancen la plenitud de su vida, es decir, que tengan los mismos derechos y los mismos deberes que los hombres, que gobiernen el mundo a medias con ellos, ya que a medias lo pueblan, y en perfecta colaboración procuren su felicidad propia y mutua y el perfeccionamiento de la especia humana. Pretenden que lleven ellos y ellas una vida serena, fundada en la mutua tolerancia que cabe entre iguales, no en la rencorosa y degradante sumisión del que es menos, opuesta a la egoísta tiranía de que se cree más”


María Lejárraga, Teatro Eslava, 2 de febrero de 1917. Las palabras son suyas aunque salieron de la boca de Gregorio en su sección quincenal “La mujer moderna” de sus conferencias Blanco y Negro en las que entre 1915 y 1917 se dedicó a difundir las ideas y actuaciones del feminismo con discursos escritos por María. Nada que añadir.